Las lluvias persistentes de septiembre complican la cosecha en el campo alavés. hortelanos 17 de octubre de 2024

Las lluvias persistentes de septiembre complican la cosecha en el campo alavés.

PATATAS 03

El agua en exceso, como todo, también es malo. Especialmente en ciertos momentos del año cuando se trata de sector primario.

Acabamos de concluir septiembre, un mes en el que tradicionalmente en Álava se dan entre 3 y 8 días con precipitaciones, y cuyas temperaturas suelen estar entre los 10 y los 24ºC. Estas condiciones permiten que durante este mes se cosechen la mayoría de los cultivos de primavera como patatas, garbanzos, girasoles o alubias.

Pero en este 2024, hemos tenido más de 14 días con precipitaciones y las temperaturas han estado entre los 10 y los 20ºC, teniendo algunas noches muy frías con temperaturas inferiores a 5ºC. Aunque la precipitación acumulada no ha sido muy superior a la de años anteriores, ha estado muy repartida a lo largo de todo el mes, teniendo solo 6 días consecutivos sin nada de lluvia.

Como dato de referencia, los embalses de la zona a finales de septiembre se encontraban entre el 70-75% de su capacidad, cuando lo normal en estas fechas es que se sitúen 10 puntos por abajo, entre el 60-65%.

Esta situación de lluvias persistentes y temperaturas más bajas de lo habitual, sumada a las condiciones climáticas de principios de octubre, donde ya han caído más de 60 L/m2 en algunas zonas, ha hecho que la cosecha de cultivos como patatas o garbanzos esté siendo muy complicada, y que la de girasoles y alubias sea muy por debajo de lo esperado.

Las lluvias persistentes en momentos de cosecha causan daños en los cultivos que son irreparables ya que las plantas se encuentran en un estado de avanzada madurez y con el exceso de humedad se ennegrecen, se tumban y pueden llegar a pudrirse, perdiéndose incluso la totalidad de las parcelas. En el caso de cultivos como la patata, aunque los tubérculos aguantan bien bajo tierra, si la tierra tiene un exceso de humedad durante un tiempo prolongado puede ocasionar problemas durante la fase de almacenaje.

Otro problema derivado de las lluvias persistentes desde tan pronto es la dificultad para recoger la paja de las parcelas que se cosecharon a lo largo de agosto. Para poder enfardar es necesario que la paja cuente con unas condiciones de humedad adecuadas para evitar su fermentación durante el periodo de almacenaje. No eliminar adecuadamente los restos de cosecha y rastrojos provoca una mayor proliferación de patógenos causantes de enfermedades y/o insectos vectores de virus que afectan a los cultivos que se implantarán en la siguiente campaña, aumentado así la probabilidad de verse afectados y de ver mermada por tanto su producción.

Todo ello implica que las siembras de cereales de otoño-ivierno también se vean afectadas y se retrasen ligeramente a la espera de mejores condiciones.

Por el contrario, esta continuidad de lluvias ha favorecido la nascencia de cultivos como la colza, ya que para su correcta implantación no es necesario realizar un laborero profundo, pero si necesita que el suelo tenga cierto nivel de humedad o que llueva tras su siembra. Eso sí, ahora toca estar atentos a caracoles y babosas que hacen de las suyas en las plantas más pequeñas.

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